Enoturismo


 

Los vinos de la Ribera del Duero deben su calidad a una serie de factores climáticos casi extremos. Un clima marcado por una temperatura media muy baja y un importante contraste térmico entre el día y la noche, especialmente significativo durante la época de maduración de la uva, lo que genera una piel dura y fuerte que da como resultado esos reconocibles vinos llenos de color, estructura y casta.

Pero también los suelos son decisivos en la calidad. Laderas normalmente orientada al sur para recibir los últimos rayos de sol y protegerse de los fríos vientos del norte. Terrenos de arena y cantos rodados, capaces de regular la humedad para alimentar las raíces de la planta y retener el calor para soltarlo por las noches.

A ellos se une la uva Tempranillo, conocida en la zona como Tinta del país, aclimatada a la dureza del clima y capaz de dar aquí sus mejores frutos. Y detrás de todo esto los hombres y mujeres que día a día cuidan las cepas, las podan, vendimian, elaboran el vino y lo crean hasta conseguir ofrecernos uno de los grandes vinos del mundo.

Más información:
Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero

GUÍA DE ENOTURISMO:

 

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